¿Deberes de verano? Lo que dice la ciencia
Cada curso escolar, por estas fechas, se reabre el debate: ¿Deberes sí o no? En este artículo te muestro qué dice la ciencia al respecto, y por qué no todo es blanco o negro.
Marga Gutiérrez
6/15/20262 min leer


¿Deberes en verano? Sí, PERO...
Con la llegada de las vacaciones de verano vuelve el debate sobre los deberes.
Familias y docentes suelen dividirse entre quienes consideran que tres meses sin tocar un cuaderno son demasiados y quienes defienden que las vacaciones deben dedicarse exclusivamente al descanso y al ocio. Pero ¿qué nos dice realmente la evidencia científica?
La respuesta, como casi siempre, no es un simple sí o no.
Existe el fenómeno conocido como "summer learning loss", que hace referencia al olvido de conocimientos y habilidades tras largos periodos sin práctica.
Los estudios muestran que esta pérdida suele ser más evidente en áreas como la lectura y las matemáticas, especialmente en alumnado con dificultades.
Sin embargo, esto no significa que la solución sea llenar el verano de cuadernillos y fichas...
Las vacaciones cumplen una función fundamental en el desarrollo infantil.
Después de diez meses de trabajo, los niños necesitan recuperar espacios que durante el curso suelen quedar limitados.
1. El descanso es esencial para el bienestar físico y emocional. El cerebro también necesita pausas para consolidar aprendizajes y recuperarse del esfuerzo realizado durante el curso.
2. El juego libre favorece la creatividad, la autonomía, la resolución de problemas, la negociación con iguales y el desarrollo de habilidades sociales.
3. La actividad física mejora la salud física y mental, contribuye a la regulación emocional y favorece un desarrollo equilibrado.
4. Las vacaciones permiten compartir tiempo de calidad con la familia y los amigos. Viajar, visitar museos, cocinar, hacer excursiones, observar la naturaleza o descubrir nuevos hobbies también son experiencias de aprendizaje.
Entonces, ¿deberes sí o deberes no?
La evidencia científica parece apuntar a que la pregunta correcta no es si debemos poner deberes, sino para qué los ponemos.
Los deberes, incluso, pueden resultar útiles cuando persiguen un objetivo claro y están adaptados a las necesidades del alumno
Por ejemplo:
Leer diariamente durante unos minutos para mantener la competencia lectora.
Practicar cálculo mental mediante juegos.
Escribir un diario de vacaciones.
Especialmente en alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, una propuesta ajustada puede ayudar a evitar retrocesos significativos.
Un alumno con dislexia puede beneficiarse de lecturas adaptadas y actividades de conciencia fonológica.
Un alumno con TDAH puede entrenar funciones ejecutivas mediante actividades lúdicas y estructuradas.
La diferencia es que aquí existe una finalidad pedagógica concreta.
No se trata de hacer deberes porque sí.
Se trata de responder a una necesidad específica.
En conclusión, los deberes solo tienen sentido cuando responden a una finalidad educativa clara y están adaptados a las necesidades del alumnado.
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